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47. Ser o no ser

  A la mañana siguiente, mientras desayuno, me invade una sensación de tristeza espesa, sin matices. Me pongo algo de ropa deportiva y bajo al garaje con torpeza, mi cuerpo no termina de responder a lo que le pido. Intento repetir algunos de los ejercicios y movimientos que me han enseñado en rehabilitación, pero mis sensaciones no son buenas. Durante unos días me engaño pensando que será cuestión de tiempo, de adaptación. Pero esa idea se va deshaciendo rápido. La rutina continúa, sí, pero cada vez más vacía, más mecánica, como si imitara algo que antes tenía sentido. Viktor Frankl decía que “el sufrimiento cesa de serlo en el momento en el que adquiere sentido” . Pero hay una parte del proceso en la que ese sentido no aparece, y el sufrimiento tampoco se va. Se queda. Desde el accidente, todo ha sido gestionar, intentar avanzar, sostener. Y mientras veía que mi recuperación avanzaba, el objetivo tenía un cierto sentido claro, incluso el dolor encajaba en algo más grande. Ahora ...
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46. Tintin en el Tibet

“Qué putada lo del pie, no ha habido forma de arreglarlo”... Al menos esta vez, el jefe de rehabilitación se ha comportado con cierta empatía. Lo agradezco, aunque no me sirve de consuelo. Cuando te mandan a casa porque tus lesiones se han recuperado hasta donde han podido, porque ya poco más se puede hacer, y además el servicio está tan colapsado que hay una lista de espera larguísima de personas que quizá están peor que tú y necesiten tu lugar, lo mínimo sería una palmada en la espalda y alguna palabra de ánimo. No puedo evitar sentir tristeza y algo de miedo ante lo que ha de venir. Reconozco que, me sentaba bien tener consejo y ayuda al hacer los ejercicios. Me daba seguridad y cierta esperanza, discreta, pero esperanza al fin y al cabo. Esta vez si, la sensación de avanzar era real. No recuerdo si era Kierkegaard quien hablaba de partir de lo negativo a través de la angustia y la desesperación para alcanzar lo positivo. Pero sospecho que tiene razón, al final, lo que te queda su...

45. El viento se levanta

  De pronto, el viento ha comenzado a soplar moviendo los árboles a mi alrededor. Hay algo curioso en su armonía, en esos giros sin rumbo aparente, como si obedecieran a una lógica que no debe ser entendida. Me resulta hipnótico y, sin saber muy bien por qué, me transmite una sensación de calma y relajación. No tengo prisa. El cuerpo me duele entero, así que decido quedarme sentado, diluir ese cansancio y dejar que mi mente siga divagando. Aprender a soportar el dolor te va endureciendo poco a poco pero también te va desgastando. No es un golpe seco, más bien es un goteo intermitente pero constante, que acaba calando más de lo que parece. Mañana, por fin, dejaré las muletas. Lo hago con la advertencia médica de extremar el cuidado. Un mal apoyo, un golpe torpe, y todo el trabajo de estos meses en ambos pies podría saltar por los aires. Vuelve esa mezcla conocida de sensaciones, ese vaivén entre el miedo a lo desconocido a la alegría contenida por ir volviendo poco a poco a ser ...

44. Una esperanza discreta

Puedes tener suerte, y que la bola caiga en tu lado de la red, pero nunca basta con desear que las cosas sucedan. Si algo he aprendido de mi accidente es que casi siempre me ha tocado luchar para inclinar el tablero a mi favor y, aun así, la mayoría de las veces no he llegado al objetivo que esperaba. Supongo que se trata de no perder sin luchar, aunque asumir esa idea, convertirla en algo propio, se me sigue haciendo muy difícil. Durante las semanas siguientes, los días se vuelven una especie de día de la marmota . La rutina se repite sin pausa ni alternativas y, de algún modo, eso me viene muy bien. Tener obligaciones, un entrenamiento irrenunciable, me revitaliza, aunque a ratos, siento una enorme tristeza por verme así. La parte buena es que a base de repetir movimientos y ejercicios, y a pesar del dolor constante, parece que mi cuerpo recupera algo de movilidad. Una esperanza discreta que me permite pensar que, quizá, sin demasiadas certezas, aún sea posible acercarme a lo que fue...

43. Realidad sin comillas

 Justo al volver de las vacaciones, me han llamado del Hospital de La Paz para empezar la rehabilitación con ellos. Es muy complicado acceder allí ya que la lista de espera es enorme, pero apuntarse y esperar merece la pena, son realmente buenos. Así que fui a la entrevista inicial en la que un médico te evalúa y ve en que situación te encuentras. He de decir que el mensaje que recibí fue desolador, seguramente real, pero de una dureza innecesaria. Salí de la consulta diciendo para mis adentros, ¡que hijo de puta! Tampoco pude evitar, que saliendo del hospital, se me saltara alguna lágrima de impotencia. Ya en el coche, en el trayecto de vuelta a casa no hablo demasiado. Tengo la mirada fija a través de la ventanilla con una sensación mezcla de cabreo y tristeza. He estado viviendo con la dolorosa realidad, y ahora me doy cuenta de que ésta me ha derrotado , decía el escritor Henry James. Y es que, esa bofetada de realidad sin comillas que me acaban de dar, me hace daño. No ha si...

42. Me siento, miro, imagino

Mi orgullo irrazonable y rebeldía seguían en plena exaltación, no me permitían aceptar y rendirme ante ciertas situaciones así que, a los tres días de posponer mis caminatas, decidí retomarlas e incluirlas en mi plan de entrenamientos diarios. A veces, volvía a casa andando desde una de las clínicas de rehabilitación, y en otras, simplemente me fijaba un objetivo de paseo y procuraba hacerlo. Por desgracia, no siempre era capaz de conseguirlo. Soy incapaz de contar las veces que han tenido que venir a buscarme, o la cantidad de “Uber” que he tenido que pedir para poder volver a casa cuando mi cuerpo cedía al dolor y se negaba a continuar. A pesar de que en general podía decir que las sensaciones eran buenas, no conseguía despejar del todo los nubarrones de mi cabeza. Realmente ni los médicos, ni los fisioterapeutas, ni nosotros mismos teníamos claro hasta donde podría llegar en mi recuperación. Y francamente, en el fondo sospechaba que demoler todos los puentes a mi alcance, quizás n...

41. Buenas y malas sensaciones

  “Mochuelo, si acabas de empezar la rehabilitación, que pretendes…” Sigue sin gustarme la palabra aceptación pero lo sigo haciendo, y ahora debo aceptar que quizás es demasiado pronto para emprender caminatas algo más exigentes. He decidido posponerlas unos días hasta sentirme más fuerte, todavía estoy débil e inseguro en mis movimientos. De nuevo, a veces lo bueno es lo que ocurre, me acaban de llamar de otra clínica para empezar la rehabilitación con ellos también. Así que empecé a combinar las dos clínicas diariamente con lo que ocupaba casi toda la mañana entre sesiones, desplazamientos, y parte de la tarde con los ejercicios en casa. Recuerdo leer algo que dijo el gran explorador noruego Fridjof Nansen en una biografía suya, demolí todos los puentes detrás de mí, para no tener otra opción que seguir adelante . He de confesar que a nivel emocional, esto no era exactamente así. Tenía demasiados asuntos inconclusos, qué solamente había aparcado para poder centrarme en dar prio...

40. El cuerpomente

Para cuando inicié la segunda sesión de rehabilitación, ya me había sumergido de nuevo en el estado de fluir. De forma que poder empezar a ejercitarme y concentrarme en esa tarea, tenía un efecto de retroalimentación positiva en mi cuerpo y sobretodo, en mi palacio mental. Además, ver que mis articulaciones empezaban a responder o que podía moverme un poco más y mejor, hacía que mi motivación aumentara. Sentía que todo trabajaba como una unidad, o cómo lo llamaba Arno Ilgner en su libro Guerreros de la roca, el cuerpomente . Pero era solo una sensación, en realidad, aún me faltaba mucho para trabajar como una unidad. En las primeras sesiones de rehabilitación era como un niño cuando está descubriendo su desarrollo psicomotor, con la diferencia de que mi mente si sabía cuál era la combinación exacta, pero mi cuerpo aún era incapaz de realizarla. Recuperar el tono muscular, el control postural, tener una respiración adecuada o la propiocepción, son solo algunos de los elementos fundame...

39. Un palo, una bola y una lenteja

Ya he terminado mi primera sesión de rehabilitación. Hoy ha sido un día de pruebas ya que necesitan ver como está mi cuerpo y trazar el plan a seguir. Sinceramente, vuelvo a casa muy preocupado. Mis lesiones están lo suficientemente jodidas cómo para empezar a asumir que quizás, mi recuperación no va a ser total. “Vas a tener que aprender a andar de nuevo” es una frase que ya indica el nivel de dificultad que me espera en este viaje, y la verdad, aunque sospechaba que iba a ser así, no he podido evitar sentir tristeza. Mis ojos incrédulos se centran en los tres objetos que me acaban de dar en la clínica, una bola, un palo y una lenteja. Para ejercitarse en casa Ya hace varios días atrás, que quitamos y guardamos algunos de los artilugios que hasta ahora me habían servido de gran ayuda en casa como la silla del baño, el alza del wáter o la rampa de madera que tanta guerra me ha dado. También hemos devuelto definitivamente la silla de ruedas. Esto se convertía en el acto simbólico que ...

38. Ego

Creo que por primera vez desde que tuve el accidente, he logrado tomar conciencia del momento en el que me encuentro. Aunque el peaje que he pagado en forma de dolor, incertidumbres y vaivenes emocionales está siendo durísimo. Y es que la vida se ha empeñado en mostrarme que vivimos aprendiendo constantemente, depende de la suerte que tengas aprendes para bien o para mal. Pero de alguna manera, me sentía como si empezara un nuevo viaje. “Intenta mantener la concentración total en el viaje” era un mantra que recitaba sin parar, como una forma de intentar fijar ese objetivo en mi mente. Pero si quería iniciarlo, debía empezar cuanto antes a moverme con las muletas. Así que decidimos salir a tomar algo cerca de casa, pero lo suficientemente lejos como para tener que esforzarme mucho más. Cómo enseñaba el chamán yaqui Don Juan, es en los pasos dónde el hombre encuentra fuerza. Sin ellos no somos nada . Durante el camino procuro centrar mi atención en intentar avanzar como pueda, solo eso...