Y como el que no quiere la cosa, ya estamos en mayo. En casa las cosas empiezan a ir más fluidas, tener una rutina y unos horarios me está funcionando bastante bien. En mi situación, vivir se ha convertido en un desafío diario. Todo me cuesta mucho, cosas como ir al baño solo, intentar ponerme unos calzoncillos o que se te caiga algo al suelo y no alcanzar a recogerlo me provocan mucha frustración. Pero voy aprendiendo a rebajar mi ofuscación y a escuchar. No es nada fácil ser positivo cuando estás tan jodido, pero reconozco que, a mi palacio mental le empieza a sentar bien prestar atención, esforzarme y aprender a solucionar estos problemas. El intentar ver cual es la mejor y menos dolorosa forma de conseguir realizar estas metas tan básicas, realistas y específicas hace que de alguna manera, mi mente se relaje y se concentre solo en eso, olvidando por un momento el resto de lesiones y dolores. Centrarse solo en el viaje, de nuevo me vuelve esa norma interiorizada y guardada...
Vale la pena vivir. Vale la pena seguir viviendo. Siempre hay un para qué.