Este optimismo que me invade, de alguna manera provoca que la sensación y capacidad de mi resistencia aumente, que de alguna forma defienda mejor la imagen mía frente a mí mismo y que empiece a verme menos culpable por mis fracasos, que muy a mi pesar, siguen siendo muchos. Así que decido que el lunes siguiente empezaré a enfrentarme a esa rampa, necesito ser capaz de subirla sin ayuda y seguir elevando el nivel de mi autosuficiencia. El problema que descubro con mi optimismo desmesurado es, que las decisiones que estoy tomando, creo que son más prudentes de lo que realmente son. Las primeras pruebas no salen bien. Se me ha levantado la silla por delante como un caballo encabritado y casi me caigo de espaldas, en otra ocasión me he salido fuera de la rampa y en otras tantas simplemente me he quedado en mitad de la rampa y resbalado hacia atrás. Hay un juego de equilibrio en el que no puedes echar el peso hacia delante del todo pero tampoco quedarte atrás. Finalmente no consig...
Vale la pena vivir. Vale la pena seguir viviendo. Siempre hay un para qué.