En la siguiente revisión en traumatología deciden quitarme los puntos del pie derecho y por fin, me dan permiso para empezar a apoyar el pie izquierdo. Esto fue un antes y un después en mi recuperación ya que, me iba a permitir empezar a realizar una serie de movimientos sin necesidad de hacerlo todo a pulso y además, empezaría a tener cierta independencia. Y esto a mi palacio mental le viene genial. Empezar a hacer por mi cuenta cosas como meterme en la bañera, salir de la habitación y moverme por casi todo el piso, o poder pasar de la silla de ruedas al sillón o al sofá, empiezan a ser partes de mi rutina y eso es algo que no solo agradezco yo. Esto provoca que mi mente empiece a estar en un estado mental de máxima motivación y me atreva a probar otras cosas. Prepararme un café e incluso una tostada, alcanzar los armarios inferiores de la cocina o poder llenar el lavavajillas, empiezan a formar parte de mis triunfos diarios. Triunfos De cada acción que reinicio en mi vida,...
Vale la pena vivir. Vale la pena seguir viviendo. Siempre hay un para qué.