Ya he terminado mi primera sesión de rehabilitación. Hoy ha sido un día de pruebas ya que necesitan ver como está mi cuerpo y trazar el plan a seguir. Sinceramente, vuelvo a casa muy preocupado. Mis lesiones están lo suficientemente jodidas cómo para empezar a asumir que quizás, mi recuperación no va a ser total. “Vas a tener que aprender a andar de nuevo” es una frase que ya indica el nivel de dificultad que me espera en este viaje, y la verdad, aunque sospechaba que iba a ser así, no he podido evitar sentir tristeza. Mis ojos incrédulos se centran en los tres objetos que me acaban de dar en la clínica, una bola, un palo y una lenteja. Para ejercitarse en casa Ya hace varios días atrás, que quitamos y guardamos algunos de los artilugios que hasta ahora me habían servido de gran ayuda en casa como la silla del baño, el alza del wáter o la rampa de madera que tanta guerra me ha dado. También hemos devuelto definitivamente la silla de ruedas. Esto se convertía en el acto simbólico que ...
Vale la pena vivir. Vale la pena seguir viviendo. Siempre hay un para qué.