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39. Un palo, una bola y una lenteja

Ya he terminado mi primera sesión de rehabilitación. Hoy ha sido un día de pruebas ya que necesitan ver como está mi cuerpo y trazar el plan a seguir. Sinceramente, vuelvo a casa muy preocupado. Mis lesiones están lo suficientemente jodidas cómo para empezar a asumir que quizás, mi recuperación no va a ser total. “Vas a tener que aprender a andar de nuevo” es una frase que ya indica el nivel de dificultad que me espera en este viaje, y la verdad, aunque sospechaba que iba a ser así, no he podido evitar sentir tristeza. Mis ojos incrédulos se centran en los tres objetos que me acaban de dar en la clínica, una bola, un palo y una lenteja.

Para ejercitarse en casa


Ya hace varios días atrás, que quitamos y guardamos algunos de los artilugios que hasta ahora me habían servido de gran ayuda en casa como la silla del baño, el alza del wáter o la rampa de madera que tanta guerra me ha dado. También hemos devuelto definitivamente la silla de ruedas. Esto se convertía en el acto simbólico que daba sentido a esta nueva etapa del proceso. Cómo decía el filósofo presocrático Heraclito, lo único que es constante es el cambio. Y es que si algo estoy experimentando a lo largo de este viaje, es a aceptar que los cambios en mi vida han sido y serán impredecibles, y que son inevitables.

 También hace un par de días que los médicos me dieron permiso para empezar con la rehabilitación. Esto era algo que ya habíamos previsto, de forma que ya teníamos hechas las gestiones necesarias con la suficiente antelación, como para tenerlo todo preparado cuando llegara el momento. Pero tratar de gestionar algo con los seguros normalmente no suele ser sencillo y te cuesta varios intentos. No podía dejar de pensar en cosas como “a ver por dónde salen, pero si ya tienen todos los informes médicos, ¿entrará todo en el seguro?”. Mis nervios eran más por las ganas y necesidad de empezar la rehabilitación que por la eterna burocracia.

Y volviendo al día de la primera sesión de rehabilitación, esa misma tarde, empiezo a realizar los ejercicios que me han mandado usando los tres artefactos. Era importante empezar cuanto antes a activar la movilidad y recuperar la sensibilidad de mis pies con un ejercicio simple pero muy efectivo, hacer rodar por tiempos cada uno de los tres objetos con la planta de los pies. Carl Jung en su obra sobre Las 4 etapas de la vida reflexionaba, queremos certezas y no dudas, resultados y no experimentos sin tener en cuenta que solo a través de las dudas y los experimentos obtenemos certezas y resultados.

En mi caso, sin tener ninguna posibilidad de una elección diferente razonable, ni respuestas fáciles o no poder volverme a una situación más cómoda, aceptar la incertidumbre era algo relativamente más “sencillo”. También es verdad que a estas alturas del proceso, ya he tomado conciencia y se que no bastará con tener epifanías existenciales y fantasear para alcanzar una recuperación total. Mientras pruebo los ejercicios pienso que seguramente no voy a tener certezas sin dudas, ni dudas sin certezas. Mis ojos algo más crédulos vuelven a mirar al palo, la bola y la lenteja.

 

 

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