Ya he terminado mi primera sesión de rehabilitación. Hoy ha sido un día de pruebas ya que necesitan ver como está mi cuerpo y trazar el plan a seguir. Sinceramente, vuelvo a casa muy preocupado. Mis lesiones están lo suficientemente jodidas cómo para empezar a asumir que quizás, mi recuperación no va a ser total. “Vas a tener que aprender a andar de nuevo” es una frase que ya indica el nivel de dificultad que me espera en este viaje, y la verdad, aunque sospechaba que iba a ser así, no he podido evitar sentir tristeza. Mis ojos incrédulos se centran en los tres objetos que me acaban de dar en la clínica, una bola, un palo y una lenteja.
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| Para ejercitarse en casa |
Ya hace varios días atrás, que quitamos y guardamos algunos
de los artilugios que hasta ahora me habían servido de gran ayuda en casa como
la silla del baño, el alza del wáter o la rampa de madera que tanta guerra me
ha dado. También hemos devuelto definitivamente la silla de ruedas. Esto se
convertía en el acto simbólico que daba sentido a esta nueva etapa del proceso.
Cómo decía el filósofo presocrático Heraclito, lo único que es constante es el cambio. Y es que si algo estoy
experimentando a lo largo de este viaje, es a aceptar que los cambios en mi
vida han sido y serán impredecibles, y que son inevitables.
También hace un par
de días que los médicos me dieron permiso para empezar con la rehabilitación. Esto
era algo que ya habíamos previsto, de forma que ya teníamos hechas las
gestiones necesarias con la suficiente antelación, como para tenerlo todo
preparado cuando llegara el momento. Pero tratar de gestionar algo con los
seguros normalmente no suele ser sencillo y te cuesta varios intentos. No podía
dejar de pensar en cosas como “a ver por dónde salen, pero si ya tienen todos los
informes médicos, ¿entrará todo en el seguro?”. Mis nervios eran más por las
ganas y necesidad de empezar la rehabilitación que por la eterna burocracia.
Y volviendo al día de la primera sesión de rehabilitación, esa
misma tarde, empiezo a realizar los ejercicios que me han mandado usando los tres
artefactos. Era importante empezar cuanto antes a activar la movilidad y
recuperar la sensibilidad de mis pies con un ejercicio simple pero muy
efectivo, hacer rodar por tiempos cada uno de los tres objetos con la planta de
los pies. Carl Jung en su obra sobre Las 4 etapas de la vida reflexionaba, queremos certezas y no dudas, resultados y
no experimentos sin tener en cuenta que solo
a través de las dudas y los experimentos obtenemos certezas y resultados.
En mi caso, sin tener ninguna posibilidad de una elección
diferente razonable, ni respuestas fáciles o no poder volverme a una situación más
cómoda, aceptar la incertidumbre era algo relativamente más “sencillo”. También
es verdad que a estas alturas del proceso, ya he tomado conciencia y se que no
bastará con tener epifanías existenciales y fantasear para alcanzar una
recuperación total. Mientras pruebo los ejercicios pienso que seguramente no
voy a tener certezas sin dudas, ni dudas sin certezas. Mis ojos algo más
crédulos vuelven a mirar al palo, la bola y la lenteja.

Muy bueno. Me encanta cuando citas autores y lo bien que viene al texto dicha cita
ResponderEliminarGracias ruyelcid !
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