En todo este proceso he ido desarrollando varias obsesiones, como por ejemplo luchar por controlar mis fugas de poder, no parar de hacer movimientos posturales o por querer tener un excesivo orden a mi alrededor. El esfuerzo que he necesitado hacer para subir la maldita rampa hace que empiece a desarrollar otra obsesión, necesito elevar el nivel en el entreno de movimientos de mi cuerpo. Giré el calidoscopio de nuevo y gracias al hábito adquirido de observar y escuchar, me di cuenta que desde la cama, podría intentar realizar una serie de ejercicios diferentes a los que hacía para mejorar mi tono muscular. Decía María Zambrano que, no se pasa de lo posible a lo real, sino de lo imposible a lo verdadero . Y para eso, hay que estar despierto abajo en la oscuridad . Y tiene razón, para cuando llega la luz, la oscuridad ya está ahí. Otra obsesión desarrollada que tengo es que diariamente, me sigo haciendo auto-chequeos físicos continuos. La realidad es que aún sigo bastante limitad...
Vale la pena vivir. Vale la pena seguir viviendo. Siempre hay un para qué.