“Mochuelo, si acabas de empezar la rehabilitación, que pretendes…” Sigue sin gustarme la palabra aceptación pero lo sigo haciendo, y ahora debo aceptar que quizás es demasiado pronto para emprender caminatas algo más exigentes. He decidido posponerlas unos días hasta sentirme más fuerte, todavía estoy débil e inseguro en mis movimientos. De nuevo, a veces lo bueno es lo que ocurre, me acaban de llamar de otra clínica para empezar la rehabilitación con ellos también. Así que empecé a combinar las dos clínicas diariamente con lo que ocupaba casi toda la mañana entre sesiones, desplazamientos, y parte de la tarde con los ejercicios en casa.
Recuerdo leer algo que dijo el gran explorador noruego Fridjof Nansen en una biografía suya, demolí todos los puentes detrás de mí, para no tener otra opción que seguir adelante. He de confesar que a nivel emocional, esto no era exactamente así. Tenía demasiados asuntos inconclusos, qué solamente había aparcado para poder centrarme en dar prioridad a mi recuperación física y sospechaba, que todavía aparecerían más. Pero a nivel físico si los estaba demoliendo. Empezaba a sustituir el tiempo que necesariamente había pasado en reposo por tiempo que necesitaba pasar en movimiento, y no solo por las rehabilitaciones.
Tareas en el día a día cómo ducharme, salir a tirar la basura, preparar el desayuno o bajar y subir escaleras también las veía como parte de los entrenamientos diarios. Que mi cuerpo se fuera acostumbrando a nuevos esquemas y a recordar los antiguos se había convertido en una obsesión. Otro de los beneficios que me proporcionaba tener actividad de forma regular, aunque ahora mismo fuera de baja o moderada intensidad, es que me servía como antiinflamatorio reduciendo la sensación de dolor y el malestar en general.
![]() |
| Buenas sensaciones |
Han sido demasiados meses sin apenas poder moverme y es casi imposible que no tenga afectado el sistema inmunitario en mayor o menor medida. Aunque sigo sin entenderlo muy bien, era cómo si mi cuerpo se fuera adaptando a un estado antiinflamatorio y de alguna manera influyera de forma positiva al sistema inmunitario o al menos, esa era mi sensación. Pero no todo era bueno. Aunque esa inversión proporcional de tiempo en movimiento me estaba quitando algunos dolores, los más serios empezaban a hacerse notar con más fuerza.
Y es que desde que tuve el accidente, he pasado tantos meses entre lesiones y dolores que no había sido capaz de identificarlos y diferenciarlos con claridad. El dolor físico crónico realizaba el mismo viaje que yo, solo que hasta ahora, se había mantenido mezclado con el resto de viajeros cómo uno más en el trayecto. De pronto un día, sin invitación previa, los dolores continuos que emitían los tornillos que sobresalían de mi espalda, el del sacro, la pelvis o el del pie derecho se sentaron a mi lado apartando a los demás cómo mis nuevos e inseparables compañeros de viaje. Y así vamos adelante, botes contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado, que decía Scott Fitzgerald. Mi cerebro me insiste, “huye del dolor, es lo que hacemos siempre” pero no puedo.

Comentarios
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario!