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22. Reflexiones

Además de la toma de decisiones que estamos realizando para dejar el piso organizado y operativo, poco a poco nos vamos habituando a nuestro nuevo día a día. Esta situación hace que a partir de ahora y mientras yo no consiga ser autosuficiente, solo tengamos días laborables. Los festivos han desaparecido por ahora y algo en mi interior me susurra que quizás para mi, se hayan ido para siempre.

Hemos tenido mucha ayuda en casa, familia y amigos se van turnando para echarnos un cable en lo que sea, cocinar, lavarme, pasarme al salón. Además, tenemos visitas semanales al hospital de La Paz, hay que seguir haciendo radiografías, controles y curarme el pie derecho. La herida sigue bastante mal, con lo que necesitamos ayuda para bajar las escaleras, subir al coche o salir de el.

Curas


Pero esto, sabemos que es temporal. Aunque más adelante tengamos ayudas puntuales, poco a poco tendremos que ir haciéndolo solos, no puede estar todo el mundo eternamente ayudándote. El objetivo será llegar a ser autosuficiente aunque eso, todavía está por ver. La parte positiva es que sin tanta gente en casa a diario, nos será más fácil encontrar los ritmos de convivencia juntos, sintonizarnos y adecuarnos a un horario de vida.

También se que es necesario ir al hospital de forma continuada, mis heridas son muy recientes, hay que vigilar que no hayan infecciones y que mis cicatrices se consoliden, pero esto me hace revivir fantasmas. Es muy reciente todo, pasear por el interior del hospital me hace revivir todo lo pasado. El accidente, los olores del hospital, el miedo imaginario, ese miedo que no ayuda en nada, me vuelve el dialogo interior negativo, ese que te destroza por dentro.

También es verdad, que cuando vuelvo a casa desde el hospital, a pesar de que me llevo algún mordisco que otro de mis recuerdos, todos los pensamientos malos desaparecen. Es el refugio desde el que estoy tomando conciencia para controlar mi palacio mental y evitar las fugas de poder, en el que centrar la atención a las sensaciones de mi cuerpo y en el que tendré que aprender a escuchar para permanecer en el rumbo y continuar el viaje. 

Y por lo que sea, revivir todo esto me lleva a pensar en otra cosa, todavía no he sido capaz de llorar. Pensaba que en casa, en algún momento lo haría. He leído en algún artículo que puede ser por un bloqueo emocional, que ocurre al pasar por muchas emociones acumuladas. Tu mente se siente tan saturada que activa una especie de adormecimiento emocional, un mecanismo para desconectar y dejar de sufrir.

Debe ser parecido a cuando sufrí el apagón en la caída, no se, supongo que cada persona es diferente, que procesamos nuestra realidad a nuestra manera, por eso gestionamos las emociones de diferente forma. O quizá Emil Cioran tenía razón cuando reflexionaba, nunca he llorado, pues mis lágrimas se han transformado en pensamientos. Y esos pensamientos, ¿no son acaso tan amargos cómo las lágrimas?


 

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