Unos días antes de salir del hospital y los primeros días en casa, descubrimos un concepto llamado fatiga de decisión. Fue tal la cantidad de decisiones que tomamos en, relativamente poco tiempo, que era imposible que no nos afectara para mal. Decía Roy F. Baumeister que no importa lo sensato que seas, no puedes tomar una decisión tras otra sin pagar por ello un precio biológico.
Estábamos atrapados en una telaraña que parecía no tener
final. Y es que adaptar el piso a mi nueva situación no fue tarea fácil.
Artefactos imprescindibles y más sencillos de comprar como una cuña para poder
hacer pipí, una mesita con ruedas para las medicinas y los enseres para lavarme
en la cama o un cojín ortopédico para poder tener los pies en alto, siendo
decisiones rápidas, llevaban su tiempo de búsqueda para encontrar el apropiado.
O artefactos igual de imprescindibles y más complicados como
la silla de ruedas. A última hora conseguimos alquilar una, en principio por 2
o 3 meses, no teníamos ni idea, ¡lo mismo era para siempre! Por suerte acertamos
con la medida, aunque había que hacer alguna maniobra para entrar en el dormitorio
o la cocina y al menos mi culo entraba. O un sillón eléctrico que permitía
tumbarte para poder poner los pies en alto, ¿cuál escoger?
Otro artefacto que nos dio quebraderos de cabeza fue
gestionar que nos hicieran una rampa de madera que nos facilitaría bajar del dormitorio
o cocina al salón. Esto fue una gran idea de Lorena, evitaríamos tener que
subir y bajar con la silla a pulso los dos escalones que separaban las dos
partes del piso. Tomar las medidas, el
ancho o la altura llevó su tiempo, pero hizo su función. La verdad es que quedó
un poco vertical, pero es que no había suficiente distancia hasta la pared. ¿Qué
podíamos hacer?, bajar era sencillo, pero subir…
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| Artefactos que te facilitan la vida |
Haciendo uso del Kaizen, vimos que también era necesario
poner un alza en el wáter, parecida a la del hospital. De esta forma mantenía
la altura con la silla de ruedas y me costaría mucho menos poder hacer la transferencia
de la silla de ruedas al baño. Y ya que estábamos, nos dejaron una silla giratoria
que va puesta en la bañera, de forma que puedes hacer la transferencia a la
silla y lavarte dentro. Tenía esperanza en poder hacerlo solo más
adelante.
Si miras las recomendaciones que te dan para evitar la
fatiga de decisión, pues simplemente, no podíamos hacer uso de ellas. Cosas
como limitar las decisiones que se toman al día, planear la noche anterior lo
que vas a necesitar o dejar las decisiones importantes para hacerlas al día
siguiente en primer lugar no nos servía de mucho en ese momento. Era todo demasiado
urgente como para poder parar de tomar decisiones. Lo normal era llegar al
final del día con un “rumiamiento” continuo en el que era imposible escapar de
esa telaraña.

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