La sensación de fragilidad que tengo a cada momento o en cada movimiento es terriblemente intensa, y esto, me preocupa mucho. Pero a pesar de ello, se forma un pensamiento en mi palacio mental que de forma recurrente me martillea desde que empecé a apoyar el pie izquierdo. Quiero ser autosuficiente en casa, necesito poder valerme por mi mismo sin ayudas, o al menos, con las mínimas posibles.
A pesar de esa fragilidad fija en mi mente como un
“marcalibros”, en mi cabeza se va formando un objetivo principal ahora mismo, como
darle la vuelta a esa situación. Y para eso debo echar mano de todas las
enseñanzas y recursos aprendidos hasta ahora, y además, empezar a ejercitarme
para conseguir ser lo que Nassim Nicholas Taleb definió como antifrágil.
El decía que, la
antifragilidad está más allá de la resiliencia o la robustez. El resiliente
resiste golpes y permanece igual; el antifrágil mejora. Según Taleb, la incertidumbre es un signo de la presencia
de oportunidades. La verdad es que ahora mismo, las oportunidades me cuesta
encontrarlas pero de incertezas y golpes, voy sobrado.
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| Ejercitándome |
Llevo varios días mirando el taburete de la cocina, y he empezado a imaginar una forma de salir a la calle sin que tengan que ayudarme a bajar o subir por las escaleras. La idea es ponerme junto al borde de la escalera de frente con el taburete al lado. Conseguir pasar de la silla al taburete y de ahí, ir bajando de culo, tirando de brazos hasta el final, y de nuevo, montarme en la silla.
Para subir es la misma fórmula pero a la inversa. De la
silla a la escalera, subir hasta colocarme en el taburete y de ahí de nuevo a
la silla. Esto que parece sencillo, no lo es en absoluto. La posibilidad con la
que me puedo golpear en los tornillos que sobresalen de mi espalda al bajar y
subir por las escaleras, o fallar en mis fuerzas y caerme es alta.
La primera vez que lo intento estoy algo nervioso, mis
movimientos son un poco indecisos y además tengo el cable de la dichosa
maquinita PICO 7 entre mis piernas molestando. Pero cuando consigo llegar a la
puerta, y aunque me quedo atascado en ella y no logro salir por mi cuenta, es
un chute de energía.
Mi pie izquierdo no está del todo funcional, está débil.
Esto hace que aunque lo apoye, deba ir con mucho cuidado en no echarle todo el
peso encima, no quiero que se me parta el calcáneo otra vez. Ni que decir tiene
que todo esto, es imposible hacerlo sin dolor, no solo por la parte de la
espalda, pelvis o calcáneos, sino que la zona del ligamento roto, cruje a cada
movimiento y esto, me asusta mucho.
Poder atravesar por un momento ese “marcalibros”, fue un triunfo
que reforzó especialmente a mi palacio mental y físico. Por un momento,
conseguí transformar mi miedo en prudencia y mis errores en iniciación. Empezar
a dejar de lado la sensación de “no puedo hacerlo” y subir el grado de
autosuficiencia fue genial, pero quizás un poco arriesgado en ese momento. ¿Y
qué podía hacer?, cuando tus opciones son malas no te queda más remedio que
arriesgarte.

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