Decía Mike Tyson que todos los boxeadores tienen un plan cuando suben al ring, hasta que reciben el primer puñetazo. A estas alturas ya llevo varios, pero he aprendido a encajarlos. Esta infección en la herida del pie no deja de ser uno más, así que me lo tomo con filosofía, tendré que adaptar mi plan de nuevo.
Desde el Centro de salud, han estado viniendo al piso a
curarme la herida, pero lo que tengo, no pueden arreglarlo desde casa, debo ir
al hospital. Han pasado mas de dos meses desde el accidente y todavía, cuando recorro
sus pasillos, me vuelve el miedo incontrolable. Me pregunto si alguna vez
dejarán de morder estos recuerdos.
Vuelvo a tumbarme boca abajo en la camilla, lo he hecho
tantas veces que a pesar del dolor, ya es un movimiento mecánico. La enfermera
revisa la herida pero no se atreve a tocar, finalmente es la doctora la que se
encarga de limpiarla. Noto como va quitando capas de piel y partes de la herida
con el bisturí, pero salvo algún pinchazo, no noto dolor. Supongo que a estas
alturas, mi umbral de dolor estará en otro nivel.
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| Infección |
El plan médico es conseguir lo antes posible que la herida cierre
de dentro hacia fuera. Y para ayudar a que cicatrice antes, deciden usar sobre
ella una maquinita llamada PICO 7. Es una bomba de presión negativa automática,
de un solo uso que dura siete días. Se tapa la herida con un apósito que
absorbe la humedad dejando la herida seca, ayudando de esta manera a que se
regenere antes.
En mis visitas semanales al hospital decidiríamos el tiempo
a llevar esta bomba, que finalmente se alargó durante tres semanas. Pero esta
maquinita tenía una pega, cada vez que hacia la función de vacío en la herida,
sonaba un pitido continuo que duraba unos 15 segundos, y esto no sabías cuando
iba a ser. Podía ser cada media hora o a los diez minutos, de día y de noche,
en cualquier momento.
Obviamente, ese pitido agudo que formaba parte de nuestra
vida ahora, nos causó una gran incomodidad. Era complicado mantener los ciclos
de sueño o simplemente concentrarse en algo, pero en ese momento era necesario.
Si ya teníamos dudas sobre si el pie derecho se recuperaría, ver que la herida
no se cerraba era muy frustrante.
He de reconocer que hasta ahora, de cada golpe que he
recibido en todo este proceso, me ha costado mucho recuperarme y volver a ser
optimista. Estás en lucha constante con tu cabeza, hay que convencerla de que
el cuerpo tiene su ritmo y que necesita su tiempo para que vuelva a funcionar. Pero
esta vez, no caí en mi propia trampa mental.
En mi nuevo estado de fluir, me fue mas fácil seguir
concentrando mis energías en continuar acostumbrando mi cuerpo a recordar
movimientos, que centrarme en la incomodidad de la maquinita. Cuando a la
semana siguiente, en la revisión semanal certificaron que la herida había
mejorado mucho en esa semana, lo dimos por bueno.

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