Cuando consigo llegar y sentarme de nuevo en el sillón del comedor, pienso que mi cabeza todavía sigue viendo el mundo como antes, puede que por costumbre se resista a cambiar esa imagen. De momento, es mi estado físico el que fija la frontera cromática entre el antes y el ahora. En el libro Tú serás mi cuchillo, David Grossman reflexionaba que, en cuanto mueves un poco el calidoscopio, toda la imagen cambia por completo, pero ¡qué fuerza hace falta tener para darle una pequeña vuelta!
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| Colores |
Soy consciente que si quiero llegar a ser antifrágil, no me
va a valer solo con mi voluntad de cambio o con controlar mi debilidad mental. Tendré
que aprender a hacer nuevas combinaciones de colores para que mi mente se
acostumbre a ver el mundo de otra manera. David Grossman tiene razón, pensar en
todo esto es agotador, frustrante y me quema por dentro. Para cuando enciendo
la tele y pongo una serie “Bigmac”, solo para tener de fondo y no pensar en
nada, me he quedado dormido.
A la mañana siguiente me despierto bastante mejor y cuando
Lorena me comenta la posibilidad de irse el fin de semana por motivos
familiares, decido sin pensarlo demasiado, que voy a intentar pasarlo solo, o
al menos, el mayor tiempo posible en soledad. Quizás me he envalentonado mucho,
creo que mi reacción ha sido como la de Marty McFly cuando le llamaban gallina
en "Regreso al futuro", solo que esta vez me lo he dicho a mi mismo.
Empiezo a pensar en cómo me voy a organizar el fin de
semana, en que debo hacer y lo que no debo hacer. El principal problema que
tengo es la rampa de madera que tenemos puesta para acceder al comedor. Ya
consigo bajarla solo, más o menos sin estrellarme contra la pared, pero aún no
tengo la fuerza suficiente para impulsarme hacia arriba y subir la rampa, está
demasiado vertical. Necesitaré que alguien venga a subirme por la noche a
cambio de unas cervezas.
Cuando me despierto el sábado solo en el piso, me invade una
sensación extraña, la verdad es que no dejo de tener una cierta inquietud. El
teléfono móvil se ha convertido en mi mejor amigo, en caso de urgencia puedo
llamar y vienen rápido a ayudarme. Aunque pensándolo bien, realmente, no voy a
hacer nada diferente a lo que hago el resto de mis días.
Sigo con mi rutina diaria, hasta el mediodía estoy en la
parte donde está la cocina, baño y dormitorio. Después de comer y tomar un café
me lanzo rampa abajo al comedor con todo lo que voy a necesitar encima de la
silla de ruedas: cuña para hacer pipí, agua, algo para picar, el cargador del
móvil y mis medicinas.
Decido que el siguiente problema a resolver es el conseguir
subir la rampa por mi mismo. Es emocionante pensar que no hace mucho, era
incapaz de moverme y en poco tiempo, aunque esté en silla de ruedas, puedo
salir de la cama, vestirme, hacer el desayuno, ducharme, ir al baño o subir y
bajar escaleras. Confirmar que hasta ahora, mi estrategia ha ido funcionando más o
menos bien, evoca en mi mente una imagen optimista para el futuro.

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