Hay veces que un momento, situación o pensamiento cuando menos lo esperas, te vuelve a colocar en la dirección correcta. De alguna forma inexplicable se reconecta la mente con el cuerpo y logras hacer un “reset” completo. Una mezcla de todo esto me sucedió un par de semanas antes de dejar definitivamente la silla de ruedas. En mi mente se habían formado dos deseos, como si fueran epifanías, que no sabía muy bien hacia donde me iban a llevar. Solo sentía que se me habían revelado y que era lo que necesitaba hacer.
La primera de ellas era volver a estar por un día rodeado de
naturaleza. Recuerdo que leí una frase de Henry David Thoreau en su libro
Walden, en la que se preguntaba, ¿qué
hago yo en el bosque si estoy pensando en algo que está fuera de él? El
querer ir expresamente a un bosque podría parecer algo extraño, ya que me
encontraba sumido en una realidad muy diferente y bastante asfixiante. Además, en
ese momento creía que no podría volver a experimentar algo que había sido parte
de mi forma de vivir y que amaba.
Entre emoción y alegría por volver juntos por un día a las
montañas, Lorena, Gonzalo y yo nos decidimos a ir a pasar la mañana por la
sierra de Guadarrama, de forma que mientras ellos harían una pequeña ruta
andando, yo me quedaría esperando en algún sitio que viéramos tranquilo. Les
costó mucho subirme por la pista arrastrando la silla de ruedas entre las
piedras, pero conseguimos llegar a unas
mesas con buenas vistas junto al segundo embalse de La Barranca. En ese momento
mis sensaciones eran agradables, pero diría que mezcladas con mucha pena y
nostalgia.
Mientras les esperaba descifrando mis emociones, de repente,
me vino a la memoria una chica que conocimos hace mucho tiempo en el pirineo
catalán. Fue en el Parc Nacional d´Aigüestortes, estaba en silla de ruedas
junto al Estany de Sant Maurici, nos sentamos cerca y empezamos a hablar. Ella nos
contó su historia, el accidente que tuvo, como lo vivió y lo feliz que se
encontraba en ese momento. Quien me iba a decir a mi que muchos años después
estaría en la misma situación, no puedo evitar emocionarme al recordar esto.
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| Recordando otros tiempos |
Thoreau decía que, no hay nada mejor que pararse en el encuentro de dos eternidades, el pasado y el futuro, que es precisamente el momento presente; esa es la línea que debes seguir. Ahora veo que este lugar junto al lago y ese recuerdo, fue el encuentro entre mis dos eternidades. En ese momento, de alguna manera mi mente y mi cuerpo se volvieron a centrar en el aquí y en el ahora.
La naturaleza como fuente de energía te provoca una
sensación de bienestar, una mezcla de sensaciones, serenidad o vitalidad. Estar
envuelto en ella me ayudó a sentir que podía ser capaz de diferenciar lo
superficial de lo esencial, a sentir que podía simplificar lo importante de lo relativo
o al menos intentarlo. Confieso que aún sin entender del todo bien esas
sensaciones, con esta epifanía conseguía cerrar algunas grietas de mi
destartalado palacio mental, pero aún me quedaba el segundo deseo.

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