He empezado a salir por las mañanas a dar una vuelta a la manzana en solitario. Solo necesito ayuda para bajar y subir la silla de ruedas por las escaleras ya que usando la táctica de sentarme en los peldaños y usar mis brazos, subo y bajo por mi cuenta. Reconozco que a mi ego le sienta bien salir a la calle, y aunque intentar dirigir la silla de ruedas yo solo es algo que me agota, el manejarme por mi mismo o sentir el sol en mi cara, es algo que me relaja.
Russ Harris en su libro Hazlo simple hace la siguiente
reflexión, cuanto más nos centramos en
pensamientos y emociones desagradables más nos desconectamos del momento que
vivimos. Siempre que leo frases de este tipo en libros de algún autor o
autora, quien sea, lo primero que pasa por mi cabeza es que, “claro, que fácil
es hablar cuando no te has caído de un cuarto piso y te has hecho polvo, no
vives en el infierno”. Al rato,
cuando se me pasa el enfado, empiezo a sospechar que suelen tener razón.
Russ habla sobre el tipo de estrategias que puede usar tu
cerebro para protegernos mentalmente, las llama DOTS. Cosas como la distracción,
optar por no participar en actividades que duelan a todos los niveles, tácticas
de pensamiento para evitar los malos y sustancias como el uso de drogas o
bebidas, son formas de evitar que se agriete tu palacio mental y borres al oso polar por un momento.
De forma que me esfuerzo aún más en ocupar todos mis días
entre distracciones, en mi caso optar por participar en todo lo que pueda y me
propongan aunque duela, y de alguna manera a través de métodos como la
meditación, intentar controlar mi mente. Además, aprovechando el buen tiempo,
empezamos a salir por las tardes a tomar algo y los fines de semana a comer por
ahí, normalmente con amigos, de forma que los “tardeos” empiezan a alargarse mucho,
empezando a abusar demasiado de las comidas y el alcohol.
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| Demasiados tardeos |
La mezcla de estas DOTS hace que de manera puntual, vuelva a conectarme con el mundo, con los amigos y con la vida. Son estrategias que algunas, las he ido haciendo por mi cuenta desde el inicio de este proceso, y otras, las he ido aprendiendo sobre la marcha. Pero hay una cosa que siempre me ocurre, la mayoría de estas estrategias me generan un alivio a corto plazo pero claramente no me solucionan el problema. El juego interior siempre vuelve provocando un cortocircuito entre mi mente y mi cuerpo.
Y en ocasiones según con que excesos, siempre acaban
teniendo un coste a nivel físico y mental. Recuerdo que leí algo sobre la Edad
Media, explicaban que era una sociedad que vivía con miedo, eran tiempos
oscuros, hambre y enfermedades. Pero que en las fiestas que se organizaban se
desinhibían, bebían mucho y se reían como si estuvieran locos. Era una manera
de olvidar por un momento su situación. La verdad es que no puedo evitar
sentirme así, o como lo expresaba el teólogo y filósofo Juan Calvino, el diablo tiene sus milagros también.

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