Esta vez, hemos decidido ir a la consulta de traumatología en un recorrido diferente por dentro del hospital, solo para que parezca que es un sitio nuevo. Desgraciadamente, a estas alturas, nos lo conocemos casi de memoria. De forma mecánica me vuelvo a tumbar en la camilla boca abajo. Para estar en esta postura necesito que mis pies cuelguen por fuera o cuando estoy en la cama, por fuera de ella. No puedo hacerlo de otra manera.
Las noticias son buenas, “la herida ha mejorado muchísimo, te
vamos a quitar la dichosa máquina y que se termine de curar por si mismo”. Obviamente
no puedo apoyar el pie todavía, es demasiado pronto, pero que se vaya a cerrar
esa herida incluso que se vaya a curar el pie, nos parece increíble viendo como
estaba. A pesar de la buena noticia, la imagen sigue siendo complicada de
gestionar, mi pie derecho ha crecido tres números más.
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| Tres números más |
Los días que toca revisión médica, suelen ser los días que
peor me siento. Salir a la calle en mi estado, no solo me supone sufrimiento en
forma de dolor y esfuerzo físico, sino que además, mi cabeza no para un
momento. Pienso en Lorena, que pacientemente me lleva y me trae del hospital
cada vez que hace falta. Me siento muy indefenso e inseguro en cualquier lugar
o situación y eso hace que vea peligros objetivos en todas partes.
Y está la incertidumbre de tu visita médica, te vuelven a
hacer pruebas y no tienes la certeza de que te vayan a dar buenas noticias. Para
cuando vuelvo a casa, suelo estar agotado en todos los sentidos. Y es en esos
momentos cuando me cuesta aplicar todo lo interiorizado y aprendido. A pesar de
los ánimos de familia y amigos, me dan ganas de apagar el interruptor y
mandarlo todo a la mierda.
Tim Gallwey en su libro El juego interior del tenis, entre
muchas y muy buenas reflexiones, habla sobre esto precisamente. La facilidad
con la que pasamos de un estado de fluir al desánimo, miedo o frustración,
llegando a cometer errores no forzados en nuestro juego mental interior. Situaciones
como intentar no juzgarme, centrarme en el proceso solamente o crear imágenes
mentales creando mis objetivos a cumplir han sido obsesiones diarias.
Pero hay cosas que siempre reaparecen, el miedo, las dudas,
falsas ilusiones. Ese maldito juego interior es difícil manejarlo y si te
descuidas, te suele ganar el partido. Tim reflexiona que, el miedo es solo una ilusión que nos impide probar cosas nuevas. En
mi situación, con el cambio tan brusco que ha tenido mi vida, con lo vivido, me
cuesta ver al miedo solamente como una construcción de mi mente.
Intentar conservar la calma y mantener la concentración son
barreras, que no siempre soy capaz de traspasar. El problema es que, a pesar de
mis grietas mentales, no me puedo permitir el lujo de pensar en fracasar,
necesito poder mirar hacia adelante con cierta claridad o al menos, intentarlo.
Esos días, cuando vuelvo a casa y consigo subirme de nuevo al sillón, necesito
cerrar los ojos y quedarme en silencio por un rato. Maldito juego interior…

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