En todo este proceso he ido desarrollando varias obsesiones, como por ejemplo luchar por controlar mis fugas de poder, no parar de hacer movimientos posturales o por querer tener un excesivo orden a mi alrededor. El esfuerzo que he necesitado hacer para subir la maldita rampa hace que empiece a desarrollar otra obsesión, necesito elevar el nivel en el entreno de movimientos de mi cuerpo. Giré el calidoscopio de nuevo y gracias al hábito adquirido de observar y escuchar, me di cuenta que desde la cama, podría intentar realizar una serie de ejercicios diferentes a los que hacía para mejorar mi tono muscular.
Decía María Zambrano que, no se pasa de lo posible a lo real, sino de lo imposible a lo verdadero.
Y para eso, hay que estar despierto abajo
en la oscuridad. Y tiene razón, para cuando llega la luz, la oscuridad ya
está ahí. Otra obsesión desarrollada que tengo es que diariamente, me sigo
haciendo auto-chequeos físicos continuos. La realidad es que aún sigo bastante
limitado, solo puedo usar el pie izquierdo, doblar las piernas y utilizar mis
brazos.
Y descubro que puedo hacer diferentes ejercicios con los
brazos usando unas mancuernas de pocos kgs, hacer abdominales encogiendo las piernas
y estirándolas, incluso consigo ponerme boca abajo y hacer flexiones en la
cama. También intenté ponerme sobre mis rodillas en la cama y probar a hacer
algún ejercicio o solamente estirar un poco la espalda pero en ese momento no
pude, los tornillos de mi espalda se quejaron.
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| Intentando hacer ejercicio |
En realidad todos los movimientos eran dolorosos, pero en el
estado de fluir y obsesivo en el que me encontraba, me daba igual. Simplemente
con la satisfacción de poder terminar los ejercicios diarios, era suficiente
para catalogar el dolor en mi cabeza como bajo cuando seguramente era todo lo
contrario. Supongo que ese pico final marcaba mi umbral de dolor y de ánimo, de
forma que al acabar los ejercicios, mis sensaciones eran buenas.
Todos estos entrenamientos, a lo que había que incluir el
esfuerzo en mis actividades diarias, debían convertirse en la base de mi
recuperación física, me serviría para ir dejando atrás el “reset” sufrido por
la caída. Hasta que le conté esto a los médicos de traumatología y me dijeron
que “ten mucho cuidado, hay algunos ejercicios que es mejor no hacerlos de
momento, todavía es demasiado pronto”. Muy a mi pesar los médicos tenían razón,
no hacía falta forzar y que por culpa de mis obsesiones pudiera volver a tener
algún problema físico serio.
Este aviso me recuerda un pensamiento recurrente que he ido
teniendo en todo este tiempo, y es que mi mente iba más rápida que mi físico, y
seguramente llevado por mi estado emocional estaba asumiendo más riesgo del
debido. En otro de mis diálogos conmigo mismo me digo que no pasa nada, adapto
mi plan a algo más controlado y vuelvo a abrazar la paciencia. Al lunes siguiente
volvería a traumatología, tenía la esperanza de que me retiraran la máquina
PICO 7 y ver en que situación se encontraba mi pie derecho.

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