Este optimismo que me invade, de alguna manera provoca que la sensación y capacidad de mi resistencia aumente, que de alguna forma defienda mejor la imagen mía frente a mí mismo y que empiece a verme menos culpable por mis fracasos, que muy a mi pesar, siguen siendo muchos. Así que decido que el lunes siguiente empezaré a enfrentarme a esa rampa, necesito ser capaz de subirla sin ayuda y seguir elevando el nivel de mi autosuficiencia.
El problema que descubro con mi optimismo desmesurado es,
que las decisiones que estoy tomando, creo que son más prudentes de lo que
realmente son. Las primeras pruebas no salen bien. Se me ha levantado la silla
por delante como un caballo encabritado y casi me caigo de espaldas, en otra
ocasión me he salido fuera de la rampa y en otras tantas simplemente me he
quedado en mitad de la rampa y resbalado hacia atrás. Hay un juego de equilibrio
en el que no puedes echar el peso hacia delante del todo pero tampoco quedarte
atrás.
Finalmente no consigo encontrar ese equilibrio y lo dejo
correr, no he podido, estoy muy cansado y la verdad es que ahora mismo, me
siento igual de absurdo que Sísifo empujando la piedra montaña arriba solo para
verla caer y empezar de nuevo a subir empujándola. La parte positiva es que tampoco
me amargo demasiado, sé que es cuestión de tiempo volver a ganar. Recuerdo una
reflexión de Albert Camús sobre la esperanza, en las profundidades del invierno finalmente aprendí que en mi interior
habitaba un verano invencible.
Durante esa semana y aprovechando ese estado de motivación
en el que me encontraba, lo seguí intentando hasta que lo conseguí. Dos días
después de haberme convertido en Sísifo, encontré el equilibrio justo para
subir. En ese momento, mi estado anímico de felicidad subió muchísimo, por fin
estaba en condiciones de ser casi autosuficiente en casa. Es verdad que a veces
me costaba hasta dos intentos o tres subir la maldita rampa, pero ya le había
pillado el truco.
![]() |
| Sísifo visto por Tiziano |
Tenía que aprovechar el momento de fuerza y optimismo en el que me encontraba para seguir con mi entrenamiento diario y avanzar, pero también era consciente de que había una delgada línea entre ese optimismo y caer en la frustración de nuevo. Me he dado cuenta que diariamente, intento anticiparme y evitar las emociones negativas que pueda tener como una forma de controlármelas y si he de ser sincero, la mayoría de las veces consigo lo contrario, me las ocasiono yo mismo.
Normalmente lo negativo suele anular a lo positivo de muchas
formas, suele tener más impacto en tus emociones y por lo que sea, se te quedan
marcadas más fácilmente. El psicólogo Paul Rozin lo definía de esta forma, una sola cucaracha arruina completamente el
atractivo de un recipiente lleno de cerezas, pero una cereza no altera en nada
un recipiente lleno de cucarachas. Esa noche me pregunto si hay forma de
apartar de mi mente estas emociones auto-infringidas.

He tenido la oportunidad de conocer y trabajar con El Mochuelo y puedo constatar que todo cuanto aquí aparece no está ni por un segundo aderezado de romanticismo si no de una literatura que no hace sino arrojar luz a la verdadera profundidad y dramatismo con la que se vivieron esos días. Y cómo la fuerza de voluntad, la fuerza de la vida es capaz de abrirse camino allí donde las esperanzas parecen desvanecerse. Gracias Mochuelo por tan excelente trabajo y con el deseo de que sea de máxima utilidad a todos aquellos que pasan o se vean en procesos tan duros y transformadores como este. Un Abrazo enorme!!.
ResponderEliminarMuchas gracias por tus palabras, un fuerte abrazo!
Eliminar