En la siguiente revisión en traumatología deciden quitarme los puntos del pie derecho y por fin, me dan permiso para empezar a apoyar el pie izquierdo. Esto fue un antes y un después en mi recuperación ya que, me iba a permitir empezar a realizar una serie de movimientos sin necesidad de hacerlo todo a pulso y además, empezaría a tener cierta independencia.
Y esto a mi palacio mental le viene genial. Empezar a hacer
por mi cuenta cosas como meterme en la bañera, salir de la habitación y moverme
por casi todo el piso, o poder pasar de la silla de ruedas al sillón o al sofá,
empiezan a ser partes de mi rutina y eso es algo que no solo agradezco yo.
Esto provoca que mi mente empiece a estar en un estado mental de máxima motivación y me atreva a probar otras cosas. Prepararme un café e incluso una tostada, alcanzar los armarios inferiores de la cocina o poder llenar el lavavajillas, empiezan a formar parte de mis triunfos diarios.
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| Triunfos |
De cada acción que reinicio en mi vida, sencilla o más
complicada, necesito aprender cómo hacerla con el menor dolor físico posible y
además, practicar mucho para realizarlas de forma fluida. Recuerdo pasar tardes
enteras, mientras veía la televisión o escuchaba un podcast, simplemente
levantándome del sillón y volviéndome a sentar como un obseso.
A pesar de que todo lo que llevo pasado hace que en cierto
modo, ya esté preparado mentalmente para interiorizar, concentrarme y afrontar
estos nuevos problemas, no es nada fácil
enfrentarse a ello cada día. Pero poco a poco la motivación va ganando terreno
y empiezo a entrar en ese “estado de fluir”. Me rebelo ante mis circunstancias de
forma que mi día a día además de ser un campo de entrenamiento mental, pasa a
ser necesariamente físico.
El psicólogo Mihály Csikszentmihályi en su libro Fluir decía
que, la concentración suele ser posible
cuando la tarea emprendida tiene metas claras y proporciona una
retroalimentación inmediata. El sumergirme en estos retos diarios hace que
me concentre solo en eso, perdiendo la noción del tiempo y conectando con la
tarea a realizar de una forma más fluida y mecánica olvidando por momentos mi
situación.
Y aunque me es imposible separar ahora mismo dolor y placer,
es cierto que pequeños o grandes triunfos como hacer pipí medio de pie, medio
apoyado en la pared y aguantando el equilibrio me dan un chute de placer
enorme. He de reconocer que alcanzar ese estado motivacional, es liberador.
Desgraciadamente mi cuerpo me sigue recordando de donde
vengo. Ya me avisaron los médicos de traumatología, “de todo lo que tienes, los
calcáneos es lo que más guerra te va a dar”, y no se equivocaban. Después de
salir de la ducha, he notado mal olor en la toalla al secarme el pie derecho,
la herida está infectada, joder!

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