Creo que lo llaman “síndrome de cuidados intensivos o de la UCI”. Aunque ya he comentado anteriormente en el diario algunas alteraciones psicológicas que iba detectándome y, a pesar de mis humildes esfuerzos por tener algo de sentido del humor como herramienta de escape, a pocos días de subir a planta seguía teniendo ansiedad, pesadillas, falta de control de mi mismo, todo me parecía ruidoso a mi alrededor, no podía dormir. Y es que, como decía Sigmund Freud, la psique es la guerra contra uno mismo.
Justo dos o tres días antes de salir de la UCI, es cuando
recordé un libro que había leído hacía un tiempo, El vagabundo de las estrellas de
Jack London. Y recordé que el protagonista, era un convicto por asesinato que
adicionalmente fue torturado mediante el castigo de verse inmovilizado en una
camisa de fuerza. Ese tormento físico, de alguna forma le da acceso a otro
plano de existencia en el que puede recorrer sus vidas pasadas.
Cuando vi que me iban quitando agujas, cables y me trajeron
el primer zumo, que por cierto, me supo a gloria, intuí que a no tardar
demasiado me darían boleto en dirección a planta. Para eso mi cuerpo debía
estar estable. El primer momento de alegría y chute de energía fue cuando nos
lo confirmaron, “te vas a planta”.
Se que pierdes la exclusividad de la atención médica
constante, pero a cambio, no hay un horario tan restrictivo en visitas y tu
familia y amigos, pueden estar contigo. Algo que considero vital, no verte
solo, compartir charlas, evade tu mente, no elimina tus problemas pero logras
que no hagan ruido en tu cabeza, o al menos no tanto. Veía pasar de nuevo las
luces del techo, los pasillos, gente en camillas, pero esta vez con una media
sonrisa asomando.

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