Llevo ya trece días en el hospital de La Paz, y al menos me quedan diez días más para que me operen de los pies, más lo que tarde en recuperarme de la operación, una barbaridad. Nunca he pasado tanto tiempo en un hospital, me veo comiendo los roscones de Semana Santa en la habitación 101.
Seguimos dándole vueltas a la logística necesaria en casa para cuando me den de alta. Es un lío, silla de ruedas seguro, rampa de madera
para pasar de la entrada al comedor, silla para baño…todo eso es probable, pero
hay que ver todavía como quedo, si salgo en muletas es diferente, lo que digo,
un lío.
Mientras tanto, prosigo con mis avances psíquicos, y empiezo
a añadir los físicos. Me empeño en empezar a girar como un bloque, tumbado, por
mi mismo, de izquierda a derecha. Esto, a pesar del dolor de mi espalda, lo
hago como un obseso. Era necesario para que pudieran cambiar las sabanas de la
cama o lavarme, si podía hacerlo yo, era un avance. Y empecé a hacerlo!
Comienzo a lavarme solo. Esto empieza a ser un ritual
todas las mañanas, necesario y satisfactorio. Ya iban dos cosas que podía ir
haciendo por mi mismo sin pringar a enfermer@s, y eso a mi palacio mental le
iba muy bien. Aunque seguían habiendo pequeñas cosas que me martirizaban un poco
como la sonda, o llevar pañal, o grandes cosas…
Y es que debido a la caída desde tanta altura, tenía un
derrame por la entrepierna que iba desde la mitad de mi pierna izquierda a la
mitad de la derecha. Estaban moradas, y a eso había que añadir, que mis dos
pelotas tenían el tamaño de dos melones debido al golpe. Imagino que con la
atención puesta en las otras lesiones y dolores, y que la zona había estado
tapada por mi lesión de pelvis, ni me había dado cuenta de eso.
Así que en mis movimientos, tenía que gestionar de momento los dolores de espalda, más los dolores en los huevos. Una enfermera con algo
más de experiencia me hizo un apaño haciendo una bola con toallas, de forma que
mis pelotas quedaran elevadas y no aprisionadas entre mi morada entrepierna.
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| Hinchados... |
Cuando hablaba de sentido del humor en el hospital, no pensaba incluir mis pelotas en esto, pero he de reconocer que dio juego, aunque yo no tenía tan claro que fueran a bajar de tamaño. Y así, con este “ovismo” temporal que sufría, sin perderlas de vista, mis primeros movimientos sin ayuda, y aun sin poder dormir bien por culpa de los clavos de la espalda, seguí avanzando en mi plan estratégico.

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