Las bacterias han estado con nosotros toda la vida, no fue hasta finales del siglo XVII que el holandés Anton Van Leeuwenhoek, descubrió la vida microscópica. Dos siglos después, Louis Pasteur y Robert Koch son los que a partir de sus estudios, descubrimientos y enfrentamientos en microbiología y bacteriología, crean las bases de la Microbiología Moderna.
Entrar en un quirófano a mitad del siglo XIX era una moneda al aire, la probabilidad de morir por infecciones postoperatorias era muy alta. No fue hasta 1867, que Joseph Lister divulgó su protocolo de esterilización en cirugías. A partir de este momento, las condiciones de limpieza y cirugía fueron cambiando pero las bacterias también.
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| Entre bacterias |
No puedo decir que los siguientes días mi cabeza estuviera
totalmente despejada, pero se notaba que al empezar a quitarme alguna medicación,
algo de claridad volvía a tener...más o menos. A pesar de las circunstancias,
en general el buen humor iba ganando la partida. Hablaba con todo el que
pasaba o estaba por allí, demás enfermos, médicos o enfermeros.
Chequeaba mi cuerpo constantemente, notaba como los dolores
se iban concentrando en diferentes puntos. El dolor de espalda era tremendo, la
zona de la pelvis por dentro ardía, las costillas dolían y en cuanto a mis pies,
pues una pena, inmovilizados, siempre puestos en alto, principalmente el pie
derecho que seguía con la fractura abierta.
De repente, empecé a notarme algo en la barbilla. El señor
“estafilococo” hacía acto de presencia en mi piel, había pillado una bacteria
en el quirófano. Y es que, a pesar de estar en el siglo XXI, pillar algo en un
quirófano es algo bastante fácil. En mi caso pasar 11 horas en el quirófano,
quizá por la mascarilla que tuve que usar tanto tiempo boca abajo, o quien
sabe, facilitó el pillar algo.
Por suerte y aunque se me ha quedado una cicatriz en la
barbilla, no fue nada grave. Me podrían haber pasado cosas peores, infecciones
internas, etc… pero es verdad que, la situación en la que me encontraba, cualquier
cosa que te saliera era un drama añadido. La enseñanza que aprendí de esto es
que, las bacterias mutan, es difícil vencerlas y que no se debe entrar en un
quirófano por nada en el mundo. Lo malo, que me quedaban otras dos visitas, como mínimo.

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