Además de ir pasando de la cama al sillón, y aprovechando que estaba sentado en el mismo, empezaría a ir al baño…bueno…más bien me llevarían. Eso implicaba que ya me iban a retirar el pañal y la sonda, que después de tanto tiempo, ya tocaba! Aquí iniciaría lo que yo llamé en ese momento, el oficio del guerrero.
Avanzar en ese oficio implicaba que mi meta iba a ser, pasar
de realizar la transición con ayuda, a prepararme para la acción y llegar a
hacerlo por mi cuenta. Esto fue el inicio de otra enseñanza que apunté en mi
palacio mental y que me serviría de aquí en adelante. Mantener la concentración
en el viaje, centrarme en usar todas las opciones y posibilidades que tuviera a
mano y no pensar mucho en el destino final.
Esto era muy bonito pensarlo, pero al baño, había que llegar!
Como me pasó anteriormente, el primer día no fue del todo un éxito. La parte
fácil era quitarme el pañal, aunque me lo podrían haber quitado hacía días,
debido a mi intestino no le estaba dando demasiado uso.
La parte buena es que ya era capaz de sentarme en la cama,
pero todavía, no era capaz de aguantar a pulso para pasar al sillón. Me
tuvieron que ayudar a pasar de la cama al sillón, y de aquí al wáter. La
primera vez que me volví a sentar en el trono tuve el segundo desvanecimiento,
estaba sin fuerzas y me desmayé.
Fue un poco triste mi vuelta al wáter, me desperté con una
enfermera dándome aire con unos papeles, la segunda vez…ni que decir cabe que
no pude hacer nada, mas allá de dar el primer paseo con el sillón por la
habitación. Pero había que ser decidido y no retroceder. Los días siguientes
fueron muchísimo mejores. De pronto, además de incorporarme en la cama y
sentarme en el filo de ella, empecé a tirar de brazos y conseguí pasar hasta el
sillón, y de ahí al wáter.
Otra cosa que me costaba mucho era limpiarme cuando
terminaba, simplemente levantar el trasero o girarte un poco, era muy doloroso. Pero en mi nueva posición de poder, poco a poco, logré ir haciéndolo
todo por mi cuenta. Recuerdo la cara de sorpresa de la enfermera cuando se abrió
la puerta del baño y salí sentado en el sillón en dirección a la cama!
Con el tema de la sonda, me pudo la presión ambiental.
Después de tanto tiempo con una sonda metida, volver a esforzarme en hacer pis,
me costó. Al punto que si no era capaz de hacerlo, me tendrían que sondar de
nuevo. La situación fue tan surrealista como llegar a ponerme en Youtube un
video con el sonido del agua de un río corriendo! A media noche lo conseguí.
Después de tanto tiempo en el hospital y aunque era un
comienzo, empezaba a sentirme más normal. Y es que, cosas normales en mi vida,
se habían convertido en una sucesión de momentos extraordinarios que había que
volver a convertir en ordinarios.
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